
Cuentan los creyentes que si algo te aflige o quieres conseguir algo que parece imposible, pídele a San Antonio, (con mucha fé claro esta…) y como promesa de que te cumplirá tu deseo lo coloques de cabeza hasta que se haga realidad. En Lisboa, la iglesia de San Antonio, aunque sea de las más pequeñitas, tiene en su interior una fuerza y carácter inconfundibles, no por nada es la iglesia que da la bienvenida al extravagante barrio de Alfama.
Alfama y yo nos conocimos de casualidad…caminando entre una de las siete colinas de Lisboa, las calles empezaban a hacerse mas estrechas, cada vez mas escaleras, una docena de calzones colgando por las ventanas y personas cada vez más coloquiales. Mis sentidos me decían que estaba conociendo otra cara de Lisboa, pero no fue hasta que encontré las letras con flequillos amarillos y verdes, diciendo “Alfama” que supe como se llamaba esta sensación. Le dije mucho gusto y me deje llevar, los perros callejeros me sonreían y las personas salían desde la ventana a vernos preguntándose porque los turistas llegaban a su barrio a interrumpir su cotidianidad.
Una arquitectura con un parecido a Grecia, Italia y hasta el propio “gallito” en Guatemala se combinaban al mismo tiempo en Alfama, todo esto contando las espectaculares vistas al mar. Su singularidad radica en que fue de los pocos barrios que sobrevivio al terremoto de 1700 en Lisboa, su traza medieval se conserva intacta y se ha mantenido como un barrio de clase baja, los vecinos interactúan de una forma violenta y espontanea, y eso te atrae, te atrapa. Te hace sentir en peligro y como que estas conociendo una intimidad única de la ciudad, algo que no todos pueden ver. En un futuro algunos barrios clandestinos podrían ser un spot turísticos y cultural, parece irreal no???
La sensación de conocer Lisboa en sus diferentes facetas, sus ideales, su realidad, sus creencias, su fuerza, fue una experiencia que pude respirar, observar y sentir.
Alfama y yo nos conocimos de casualidad…caminando entre una de las siete colinas de Lisboa, las calles empezaban a hacerse mas estrechas, cada vez mas escaleras, una docena de calzones colgando por las ventanas y personas cada vez más coloquiales. Mis sentidos me decían que estaba conociendo otra cara de Lisboa, pero no fue hasta que encontré las letras con flequillos amarillos y verdes, diciendo “Alfama” que supe como se llamaba esta sensación. Le dije mucho gusto y me deje llevar, los perros callejeros me sonreían y las personas salían desde la ventana a vernos preguntándose porque los turistas llegaban a su barrio a interrumpir su cotidianidad.
Una arquitectura con un parecido a Grecia, Italia y hasta el propio “gallito” en Guatemala se combinaban al mismo tiempo en Alfama, todo esto contando las espectaculares vistas al mar. Su singularidad radica en que fue de los pocos barrios que sobrevivio al terremoto de 1700 en Lisboa, su traza medieval se conserva intacta y se ha mantenido como un barrio de clase baja, los vecinos interactúan de una forma violenta y espontanea, y eso te atrae, te atrapa. Te hace sentir en peligro y como que estas conociendo una intimidad única de la ciudad, algo que no todos pueden ver. En un futuro algunos barrios clandestinos podrían ser un spot turísticos y cultural, parece irreal no???
La sensación de conocer Lisboa en sus diferentes facetas, sus ideales, su realidad, sus creencias, su fuerza, fue una experiencia que pude respirar, observar y sentir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario